He aquí el amor: Soltar

 

Te ofrecí una mano abierta, para posar tu cuerpo cuando estuviera cansado o tuviese sueño, para cuando buscaras piel y calor, o líneas de vida que no pueden interceptarse, para cuando quisieras hablar de Dios y estimular tu alma. Te ofrecí una mano abierta donde pudieras elegir estar o no estar. Te ofrecí una mano abierta que se cierra, traicionera, cuando siente el peso de tu cuerpo; y te aprieta las alas cuando atrapado, tratas de liberarte, y una boca que habla de libertad mientras aprieta fuerte la mano. Te ofrecí una mano abierta como un símbolo de aquello que quiero ser, del modo en que quiero amarte, pero todavía tengo demasiado miedo, y demasiada autocompasión metida en la cabeza, y una clara idea errónea de las alas, y la imagen de nuestro último baile de la noche; tu calvo y gordo, yo vieja y con varios implantes, boca con boca para que todo el mundo nos vea.

– Tienes que matar esa fantasía -dijo él.

¿Matarla? Está encarnada en mi cuerpo, me la traje del futuro, junto con otras cuantas, como esa en la que miras por una ventana, y dejas entrar la luz naranja de un atardecer, y desde atrás, yo percibo el aroma de una caldereta de cordero que llevas un rato guisando.

Matarla… no puedo matarla, todavía no, apenas he comenzado a aflojar los dedos, entumecidos de tanto apretar.

Karmento

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